miércoles, febrero 14, 2007

Capítulo XI. La Noche Cutre


Concepto: La Noche Cutre
Objetivo: resucitar de nuestras cenizas
Lema: Si no puedes con ellos, únete
Resultado: chuzo descontrolado sin sentido

La convocatoria decía así:
Les invitamos a celebrar con nosotros LA NOCHE CUTRE.
El concepto ha sido desarrollado a partir de la filosofía “loft”, que postula un buen rollo permanente mediante la inclusión de aptitudes en el comportamiento tales como la adaptación de un rol social ajeno a la realidad del sujeto (cambio de nombre opcional) y la provocación al absurdo.
Se promoverá la ingestión de alcohol, la chorrada por que sí, la apertura a otras culturas, el trilinguismo y otras actitudes que se irán desvelando a lo largo de la velada.
La Noche Cutre es un éxodo a las tabernas, pubs y bares desclasificados más recónditos de la ciudad. Los asistentes realizarán un periplo épico por lo peor de la geografía nocturna, en busca de lo abstracto, lo extraño y lo incómodo a la vista y a los oídos.
Por favor, absténganse de juzgar lo desconocido. Esperamos lo disfruten.

Desarrollé el concepto en plena sesión de Rebeconsultorio a tres bandas (Cukis-MartaTere-Buxo), entre la ambigua luz del Zebra y cervezas Bel Pils. En petit comité y debido tal vez a la ausencia casi total de presencia masculina a la que nos tiene acostumbrada nuestra tropa últimamente en Bruselas, sentí la necesidad incontenible de desatar mis peores instintos al más puro estilo retro. En mi biografía eso se ha traducido siempre por escapadas esporádicas a los antros anónimos de la ciudad.

Antro anónimo (Del lat. antrum y Del gr. ἀνώνυμος). Dícese del establecimiento nocturno (cueva, caverna o gruta) que se caracteriza por el paisaje abrupto y presencia de fauna salvaje autóctona.

Pero la noche cutre va más allá. Consiste en desterrar prejuicios y adentrarse en cualquier antrum: los radicalmente cutres (tabernas de abuelos de chinchón, cavernas para rockeros y grutas indies para gafapastas) y aquellos en los que por razones de gusto, clase, valores u oído no entrarías jamás. Estos son los denominados muy turísticos, de moda, para niñatos o
Guaiemsiéy (os recomiendo Le Corbeau para este último).

Así, y como se nos estaba acabando la imaginación para salir por Bruselas, nos lanzamos a conquistar la ciudad subterránea sin expectativa alguna. La reducida convocatoria se saldó con 19 asistentes y una incorporación última a las 5 de la madrugada. Y tan preocupadas como estábamos por lograr adeptos machos, las cuentas se saldaron ¡a nuestro favor! No cuento con documentos gráficos para ilustrar la noche. Una pena. Pero esta no va a ser la última edición.

El plan era una birra en cada antro. Pero conforme se fue incorporando la fauna al grupo fue evidente que iba a resultar imposible.

La noche transcurrió del siguiente modo.

Punto de encuentro:
Le Cercueil. Del tipo muy turístico, si lo encuentras, este antro se esconde entre la Grand Place y el barrio laberíntico de los restaurantes para guiris. Tan solo tres escuetas calles llevan de un lugar a otro y, sin embargo, esta cueva se niega a mostrar sus encantos a más de un veterano. Es un lugar para los bohemios en busca y captura de clásicos agujeros negros pero no todos los bolsillos se lo pueden permitir.

Te indican la calle y el número, pero tus ojos no ven la puerta. De entrada te sientes en la típica peli fantástica en la que el héroe debe dar con la respuesta al acertijo que muestre la puerta invisible. Cuando ya has encontrado el pasadizo, lo recorres y te das de morros, literalmente, con algo. Da igual qué, va a gusto del consumidor, porque la falta de luz es absoluta. No ves por donde pisas, ni si los colegas han llegado, hasta que desde un lugar desconocido las voces de sus espíritus te gritan “¡Ché, coño, Rebe, que estamos aquí!”. La experiencia está bien. Te pides una birra grande y te sacan una calavera con asa. Pero el éxtasis llega cuando pasas por caja. La esperpéntica calavera de las narices en la que no caben los 50cl que dice el camata sale por el módico precio de 7 euracos. ¡Bingo y caja!

Continuando el periplo y ya presentes todos, nos dirigíamos hacia uno de los míticos (me guardo información para la próxima edición) cuando nos topamos con el bar cutre por excelencia. No recuerdo su nombre pero ¿qué más da? Podría ser cualquiera.

El grupo se sentía tan motivado por el espíritu de la noche que pidieron a gritos entrar. Así que con un par y una cara de seriedad total, la veintena de insensatos entramos a luz de bombilla en un bar cuya clientela se contaba con los dedos de una mano y donde oímos, antes de verle la cara, el sonido de caja de los ojos del tabernero. Birras, birras, birras. Olor a cerveza rancia, decoración mural de madera y fotos de Bruselas en el XIX. Miradas furtivas de incomprensión desde la barra y conversación a la española de música de fondo. La Noche Cutre ya se podía considerar un éxito.

Recordemos el lema: ¡Un antro, una birra!

Al más puro estilo pastoreo, conseguí levantar sus traseros y desplazarlos hasta
DNA Café, antrum entre la categoría radicalmentecutregruta y paraniñatos (antes de las 21h00 solo revolotean estudiantes de secundaria). Este café se precia por tener un look oscuro, un acristalado completo mirando a la rue, buena música y una fauna memorable, porcentualmente alta en gafapastas. Esta fue mi aportación más personal, dado que mientras unos lo consideran indeseable yo me pasaría las noches allí, bebiendo Duvel y hablando de música, a poder ser rock e incluso de paso algo de punk (actitud musical más típica de los flamencos que de los valones… ella ya sabe por qué lo digo).

Pero las niñas se me pusieron bailongas y había que evolucionar… Aquí yo daría por zanjada la edición si nos atuviésemos al concepto Noche Cutre. Sin embargo, y dado mi total y fiel respeto al lenguaje, he de comentar las últimas paradas por representar enteramente lo cutre, que no por ello desagradable, y por ende lo vulgar.
Le Mezzo, donde se baila y se canta y te sirven fatal, y O’Reillys Nua, la versión destroy del O’Reillys Irish Pub, donde se reúnen las sobras del noctambulismo ñoño de Bruselas. Hisham se encargó de nuevo de adaptar el ritmo a nuestras peticiones, en la medida de lo disponible, la población negra masculina de intentar ligar con nosotrAs y la población femenina, sin discriminación de raza, de pasar de nosotrOs.

Y todos, a cuatro patas…

Buenas noches donde quiera que estén.

lunes, enero 15, 2007

Capítulo X. Musa de mi sonrisa

Ingo y Marcos, los cracks de las despedidas

Día a día, el NO grupo de referencia ve como sus fronteras se desvirtúan. La última modificación ha sido la partida definitiva de Iñigo.JIMENO-HIERRO(INFSO) a tierras patrias. Sí, el guardián de mi nevera y señor del J&B ha dejado el loft y a su concubina para conquistar nuevos mundos. Ahora habla chino. Pronto será experto en shiatsu para disfrute de alguna rubia con perlas y realizará exhibiciones de Tai Chi Chuan en el parque del Retiro.

Me cuentan que últimamente se le ha visto deambular por los pasillos de la sede de la
Fundación CECO farfullando imitaciones del madrileño macarra tipo. Al parecer, de vez en cuando se detiene, reposando el peso de su cuerpo sobre una de las columnas que decoran el lugar para, de pronto, clamar al cielo: A Dios pongo por testigo que nunca volveré a imitar a Amparo recitando el menú en inglés.

Ñaro me ha dejado. Me ha dejado por un mísero máster ICEX de internacionalización empresarial. Ha preferido venderse por la posibilidad de unos peripatéticos 20.000-46.000 euros anuales (eso
si le dan la beca) y un viaje con gastos pagados a la otra punta del planeta. ¡Yo jamás habría sido capaz de hacerte algo así, Ingo! (Con lo vaga que soy, desde luego que no).

Así que me resigno.

Se despidió, por supuesto. Se despidió mil veces al más puro estilo
Marcos SANTANDER. Diciembre llevó el lema de Every day is a farewell! Y nosotros le lloramos como María Jimenez, le vitoreamos como El Fary y le cantamos, al son de Sabina, ¡Con las manos en la masaaa!


Enséñame como te mueves, bonita...

Lejanas quedan ahora las imitaciones de Marta-Tere diciendo Andogggrraa, así como las de Amparos, Jacobos y demás entes de la vida bruselense. Ya no volveremos a oírle cantar el menú al tercer whisky, ni notaremos el contacto repentino de sus manos en nuestros pechos y muslos, esos sobeteos y chupetones furtivos capaces de provocar la ruptura de cualquier pareja. Y ya no hay club de los subnormales, ni rememoramos tiempos de Kepa.

Y a tu ex compañera… Se le acabaron los despertares resacosos frente al espejo del loft cantando a dúo
Hoy no me puedo levantar!, los aporreos a la puerta cuando volvía a rastras por las noches y me cerrabas por dentro con la llave puesta dejándome en la calle, los currículos inventados como Ingeniero Industrial con experiencia en Transporte Marítimo de Hidrocarburos, las prácticas de gimnasia sueca frente a los espejos de Zara, los bailes bajos de hip-hop en Le Corbeau y la danza de salón en Mezzo al estilo Dirty Dancing (menos mal, creía que me matabas…).

¿Quién me llamará María Violeta? ¿Quién me preguntará ahora si tengo miedo al amor, Ingo? ¿Quién me contará historias de comisaría a las 4 de la madrugada y de cómo el denunciante de un robo acabó denunciado por escándalo público y, a la vez, denunciando a la policía ante el consulado por maltrato y falta de consideración? ¿Qué voy a contar ahora? Ya no tengo tus historias para entretener a la gente. Ya no podré hablar de las veces que te pierdes. Como aquella, en la que me dejaste para ir al bar de al lado, te equivocaste de dirección y acabaste en el canal.

Me has dejado sin tema de conversación. Sin compañero de juegos. Ahora la gente descubrirá que soy aburrida, que siempre llego tarde a los sitios… Sueño con cuando bajabas a la night shop a por una botella de J&B y disimulabas mis tardías duchas nocturnas con tus chupitos de whisky de 33cl. Me podía cambiar el modelito tres veces… y la culpa seguía siendo tuya. Y la televisión ahora es basura de verdad. Ya no oigo tu voz preguntándome: Rebe, y en
Lost ¿por qué manda el médico? ¿Han hecho votaciones? ¿Y tú crees que el gordo ese no tendría que haber adelgazado ya? Es que así no es creíble…

El loft te echa de menos. Yo te echo de menos. Y sin ti el blog ya no tiene sentido. ¿Sabéis que tengo nueva compañera de LOFT? Se llama Leonor, pero Ingo le llama Leocadia.

¡Que te vaya bonito Jimeno-Ingo-Indigo-Ñaro!
Ha sido un placer compartir piso contigo y gracias por ser mi amigo.
Has sido la musa de mi sonrisa permanente.
Te quiero.

PD: cuando se abra la tierra y salga la mano esa que nos va a tragar para llevarnos al infierno, me avisas… ¿ok? Ya sabes donde estoy. Te espero en el Pullman. ¿Brindamos?

¿Brindámoh?

lunes, octubre 09, 2006

Capítulo IX. Nutella y agua para todos

Flo, Italo from Italy y yo

La noche al bajar de un avión en lugar desconocido. El sabor del aire al salir del aeropuerto. La desorientación que produce el asfalto. La búsqueda del idioma adecuado. Placeres cuando viajas por placer.

Adoro sentirme perdida al llegar.

Flo y yo, en contra de toda recomendación, nos embarcamos en el que sería nuestro primer viaje a Italia. Nadie daba un duro por nosotras. La apuesta es que nos acabaríamos matando y tampoco es que las tuviésemos todas con nosotras. La ruta era Pisa, Livorno, Golfo Aranci, Olbia y La isla de
la Maddalena. La vuelta nos llevaría hasta Florencia para de nuevo llegar a casa, Bruselas.

Pisamos Pisa, dormimos en
Livorno, probamos la pizza en Italia y descubrimos el pago aparte del cubierto. De madrugada nos levantamos, le robamos sin maldad el taxi a una familia numerosa y nos subimos a un ferry que tardaría seis horas en llegar a Cerdeña. Y, de pronto, allí estábamos Flo, esperando ver a su amiga Silvia, y yo, sin saber muy bien con lo que me iba a encontrar.

Golfo Aranci es una mezcla entre Javea e Ibiza. A rebosar de niños y niñas pijos, ciudadanos de asfalto (mayoría milanesa), salidas en velero, cócteles en la playa y discotecas lejanas y sanguinarias. Allí descubrí que el mito de la gula del italiano no es falso y que íbamos a tener que sufrir mucho si queríamos comportarnos como buenos y agradecidos huéspedes. A esto le llamaremos el terror al
Antipasti.

Olvidadas, ninguneadas por no entender de qué iba el ritual de Bacco, averiguar qué íbamos a cenar cada noche se convirtió en un suplicio infructuoso. Los Antipasti, que inocentemente consideramos iban a ser unos breves entrantes, se convertían en montañas de carnes y pescados, verduras y marisco. Llegado el momento de empezar con el primer plato, Flo y yo estábamos deseando ser bulímicas y, OH, imposible pensar en decir que no a la comida porque la ofensa nos podía costar el cuello y el alojamiento.

Flo se aficionó a la Pasta con cozze e vongole (mejillones y almejas) y yo me dediqué a comer todo el pescado y el marisco que me obligaban a tragar con una gran sonrisa. Sin embargo, el rey victorioso fue el licor de mirto. Amigo inseparable de las noches de desconcierto multicultural, que las hubo. Como si de un
Obélix sardo se tratase, luchábamos contra una vorágine de juicios preconcebidos sobre las diferencias entre Italia y el resto del mundo.

Nos fuimos poniendo morenas y con ello aumentó nuestra capacidad de ver el vaso siempre medio lleno. Tanto, que tras pagar 40 euros por barba y por cena, seguíamos pensando que no sólo el vaso lo estaba sino también nuestro bolsillo. Y así vivimos nuestro último día en Golfo Aranci, en un delirio de compras de mercadillo. Somos muy monas y nos queda todo muy bien.

Salimos del este en autobús dirección norte y cogimos un brevísimo ferry a la isla rosa, donde me esperaba Italo from Italy, antiguo compañero de Erasmus. Italo tiene parte de sus raíces en ese escueto y bellísimo archipiélago llamado De la Maddalena. Si se me permite ser sincera, en este momento del viaje es cuando YO entré en Italia y conocí a los italianos. Hasta ese instante podrían haberme jurado que estaba en Place de Luxembourg si no hubiese sido por el sol y la arena.

Las islas de Maddalena y Caprera, las calas de La Brigantina, La Trinità y El Relito son paraísos terrenales y cercanos. La vida fluye intemporal y nuestra existencia se convierte en un granito de arena. Cosmos.

Mi estancia en la Maddalena fue relajación, conexión automática con la gente, diversión, risas, complicidad, peleas en la arena, búsqueda de la cala perfecta, nutella by the face en El Relito, rescate de agua potable en La Brigantina, Rave en la playa, el bar Milano y, en definitiva, Italia y los italianos. Nos sentimos como en casa. De hecho, nos dejaron un apartamento sólo para nosotras. Y nos sentimos libres. Gracias a todos los que nos acompañaron esos tres días y gracias sobre todo a Italo.

Isla Caprera al atardecer

Con pena y muchas fotos en la cámara nos despedimos hasta el año que viene. Y empezó el calvario. Debíamos salir a las 12 de la mañana de la isla en ferry, coger un autobús a Olbia, otro a Golfo Aranci, un ferry a Livorno, taxi a la estación y tren a Pisa para llegar al hotel a las 3.30 de la madrugada. En vez de eso, la agencia nos dio un horario incorrecto, esperamos el autobús 3 horas y llamamos a Silvia para que nos llevase en coche de Golfo Aranci a Olbia, todo esto con pánico a perder el ferry a la península. Nos lo tomamos con filosofía, incluso a risa, y más aun cuando al llegar al puerto tuvimos que esperar hora y media y nos comunicaron que el viento había levantado temporal y el ferry, en lugar de llevarnos a Livorno, nos iba a desembarcar en Piombino, a 70 km de nuestro destino. Al final, algo debía tener de bueno el transporte en Italia y un tren nos dejó en Pisa a las 6 de la madrugada.

Capítulo aparte merece el periplo que sufrimos las dos a la llegada a Livorno. Si nuestra idea era coger un taxi hasta la estación, el destino nos deparaba una mayor sorpresa aun. ¡Inocentes! O mejor aún, ¡ilusas!

Livorno recibe un ferry con miles de personas cada hora y media más o menos. Estos datos harían pensar a cualquiera que el puerto y sus trabajadores están acostumbrados a la llegada de turistas despistados y a ofrecer un servicio de transporte puerto-ciudad. ¡MAL! A las 2.45 de la madrugada lo único que se veía pasar por allí era a los colgados de la discoteca que ahora alberga la antigua Fortaleza del puerto de Livorno. Preguntar a los funcionarios de aduanas o encontrar una cabina que efectivamente conservase dentro el teléfono era inútil. Resumen. Tres compañías de taxi, tres servicios de contestador y UN SOLO TAXISTA, Giovanni, para toda una ciudad durante horario nocturno. Nos quedamos sin palabras.

Y bueno. La torre de Pisa, de la que no albergábamos grandes expectativas, nos cautivó por lo tierno del enclave y la postal. Y porque, coño, ¡que se cae de verdad! Y Florencia es volver a un pasado jamás vivido, un museo al aire libre. Maravillas.

Italia, italianos. Volveré, y volveré a ver al David de Miguel Ángel para que me vuelva a hacer llorar con su belleza.

¡Dai!

martes, septiembre 05, 2006

Capítulo VIII. Erotomanía

Leyendo un artículo de El País, que no he podido rescatar, el grupito de innombrables (a saber, Celsa, el Ñaro y yo) descubrimos las lindeces de un síndrome acuñado como erotomanía y que pasaré a describir a continuación. Los que nos conocen más allá del blanco sobre negro (mi blog es la antípoda de un libro y a veces me da dolor de cabeza cuando releo) estarán de acuerdo en lo absurdo de nuestra conversación y en que a veces parece que optemos a imitadores de Faemino y Cansado.

Pues en eso estábamos cuando atendimos a reconocer el comportamiento de un conocido con una de nuestras amigas. Nos abstendremos de citar nombres porque no está el horno para bollos pero digamos que aquel artículo se adaptaba suficientemente a la realidad como para provocar ataques de risa aguda en Ingo y perversiones mentales en Celsa. A mí simplemente me dio miedo.

Entremos en materia. La erotomanía se entiende como un delirio pasional, la convicción de ser amado. Tres sentimientos están incrementados en la erotomanía: el orgullo, el deseo y la esperanza; y tres son los postulados básicos: “me ama”, “no puede ser feliz sin mí”, “es libre” (es decir, su matrimonio o compromiso no son válidos, son meras fachadas para esconder su verdadero amor por el delirante). El erotómano somete a una intensa observación y vigilancia a la persona amada, y las palabras y acciones de ésta sólo sirven para confirmar su idea delirante de ser amado (por lo que lo lee todo al revés, un “vete a la mierda” significaría un “cariño, no puedo vivir sin ti”). Y no importa si es rechazado mil veces. El erotómano cree que es sólo apariencia, pues en el fondo (y tan en el fondo) la otra persona le ama con fervor.

El sistema delirante se elabora sobre la base de intuiciones, de falsas demostraciones, de ilusiones, y de interpretaciones sin alucinaciones (es decir que escucha y ve lo que le da la gana e ignora los reclamos de sus colegas para que baje de la parra a la que se ha subido y atienda los hechos para reconocer cuál es la realidad). Generalmente se termina en la fase del rencor con reacciones agresivas, venganzas y hasta el “drama pasional” (sobre todo teniendo en cuenta que el erotómano ha sometido previamente a su amado/a a un constante análisis psicológico, asegurándole que no sabe lo que quiere, que todavía no se ha dado cuenta de que le ama, pero que cuando recupere “el norte” se echará de bruces - nunca mejor dicho - a sus brazos).

Aquí la sangre por suerte no ha llegado al río, al menos, que sepamos. Pero he de reconocer que estamos todos de atar y que cada vez me da más miedo estar soltera. Como dice el Ñaro, le tengo miedo al amor.

Capítulo VII. No hard feelings!!!

“No hard feelings!”. O como diríamos en España: “¡Sin rencor!”. Eso es lo que le digo a Bruselas cuando la miro a la cara después de que me ocurran incidentes como el del otro día. Todos los lugares del mundo pueden ser peligrosos. Tiendo a evitar pensamientos negativos con respecto a la seguridad en urbes y barrios determinados. En mi casa me enseñaron que la maldad es relativa pero existe y es tan palpable que deberíamos temblar cada mañana. Pero siempre me han recordado que la puedo representar yo misma cuando menos me lo espere y que rendirse al miedo solo coarta mi libertad y da la victoria a los que anhelan someternos. Prudencia sería la actitud a la que aferrarse pero los juicios no siempre son fáciles ni las premisas transparentes.

Esta ciudad no es de las más peligrosas del mundo pero es la capital de Bélgica y, para más INRI, la de Europa, con una tasa de población inmigrante del bufff% y la población flotante más alta de Europa, o eso es lo que dicen si no miramos hoy día hacia Canarias. La policía (y que conste que en general no me merece gran respeto) brilla por su ausencia e ineficacia en cuanto al ciudadano se refiere. Su eficiencia es directamente proporcional al cargo y el país de origen del “politicucho” al que deban escoltar en cada caso y por el que deben interrumpir la vida del resto de habitantes de Bruselas.

En este ambiente propicio la población lleva una vida diaria del todo variada pero con bastantes altibajos. El cliente NUNCA tiene razón (no tienen el más mínimo sentido del negocio), los horarios no se cumplen (todo cierra un cuarto de hora antes de la hora establecida), el respeto al prójimo no existe y los servicios públicos son disfuncionales y los “sirvientes” tienen un grave problema de actitud.

A todo este respirar amable hay que añadir el problema de la inmigración y las gravísimas diferencias de género y abusos sexuales que esto conlleva. Y aquí entramos en materia. A pesar de que la mayoría de abusos sexuales son cometidos generalmente por familiares, conocidos o amigos, en todas partes se cuecen habas y en las grandes urbes más. El pasado verano tuve un episodio parecido en Valencia, tal vez más curioso y desagradable que este último, pero menos significativo. La cuestión es que lo que una pueda imaginar queda a años luz de la realidad en cuanto a la variedad y cantidad de perversiones sexuales existentes en las mentes de nuestros semejantes.

Me abstendré de acusar a Bruselas de ser “peligrosa” pero sí comentaré que los ataques a compañeras y amigas, e incluso a mí misma, se han producido en mayor cantidad desde que habito en esta capital. El caso de la playa de la Malvarrosa fue desagradable, sin embargo, el individuo se abstuvo de tocarme y no quiero ni comentaros hacía qué alargaba su mano. Pero, entre comillas, resultó inofensivo. En los casos de Bruselas intervienen manos, brazos, piernas y la entrepierna en función del encuentro y, sobre todo, la buena suerte de alguien que pasaba por allí y que hace que cuente todo esto desde una perspectiva menos dramática.

No hay conclusión en este capítulo. La única posible es que me entran ganas de cortársela a todos aquellos que deciden que su desquite sexual pase por el hurto de la libertad y dignidad de otra persona y por la humillación ajena en represalia a su propia desviación y disfunción sexual. Nosotras, y en algunos casos también nosotros, no somos más que muñecos sin derecho a emitir opinión o a defendernos. No tenemos voz, ni voto, aunque algunos se empeñen en vendernos la cabra.

Capítulo VI. Oda a la infidelidad

La infidelidad empieza ahogando tus tendencias más honestas. Te coge desprevenido como el primer beso, exultante y sin sentido. Corroe tus entrañas buscando donde permanecer para siempre entre tus recuerdos, tus remordimientos y tu más sincero tú. Cuando llega es refrescante y emocionante. La crees compañera de entretenimientos y farras nocturnas. Le cuentas tus más sinceros pensamientos y le comentas las dudas. Pero ella ya había venido por ese camino.

Nunca viene sola. Ya estaba antes contigo, desde que puedes recordar. Fiel a ti desde el principio, como el buen amante, esperando el momento para hacerte suya para siempre. Si no la reconoces, llega despacio o ataca por sorpresa. Cuando llega con prisas la estocada es débil. Puede sangrarte hasta la muerte pero será una muerte larga, dependerá de si te dejan morir, solo. Si llega despacio, silenciosa, cautelosa y honesta, con cariño y respeto, entonces es demoledora. Destroza a cada paso los cimientos de tu persona, de todo en lo que crees. Demole los pilares sobre los que te sostienes y erige la nada en su lugar. Cuando llega despacio, no te reconoces y arrasas la tierra buscando quien fuiste o creíste ser.

Si titubea, indecisa, es posible que te pierdas para siempre porque no hay camino cuando no hay caminante que lo ande. Porque las piedras se deshacen y el fin del camino se desdibuja. Cuando llega despacio te desorienta, no sabes volver a casa porque no sabes cuál es. Y cuando vislumbras la puerta es tan tarde ya que no quieres molestar a quien te espera, no le quieres despertar, tan solo esperar que llegue un día más y al abrir la ventana te vea esperando como si nada hubiese pasado jamás.

Todos hemos sido infieles en algún momento de nuestra vida. Hemos sido infieles a nuestros principios y valores, a lo que defendemos, a nosotros mismos o a otras personas. Yo empecé siendo infiel el día que dejé al muñeco de
Ulises por el de Chewbacca teniendo por aquel entonces tres años. Siempre me negué a la infidelidad. Consideraba que tan bajo concepto no podía ser compatible con ciertos valores presentes en mi conciencia, como la honestidad y el respeto. Pero ya veis que la cabra tira al monte y Chewaka era más peludo, más españolo, que el griego escuchimizado que necesitaba a su hijo (Telémaco), a un androide (Nono) y a una extraterrestre (Tais) para salir de los apuros. ¡Calzonazos!

Siguiendo con mi línea argumental… La infidelidad es un concepto ambiguo. ¿Desde qué momento empieza uno a ser infiel? Si es a uno mismo, no lo reconocerá jamás. Si es a otra persona, lo reconocerá cuando ya no haya más remedio. ¿La infidelidad tiene grados? Por supuesto, existe incluso una escala de agravios que se establece en función del principio de “yo de aquí si que no paso” y de la que dependerá el resto de crímenes a la honestidad y al respeto y el listado de sanciones.

¿Quién tira la primera piedra?

miércoles, junio 07, 2006

Capítulo V. Mirlos

Suicide Twist Festival
En contra de cualquier pronóstico, el destino parece haber decidido que todavía no es el momento de que me vaya de aquí con viento fresco. La noticia de que mi vida iba a seguir ligada a Bruselas durante los próximos dos años llegó tras otra semana repleta de idas y venidas. La ansiada visita de Paco y la despedida definitiva de Ainara. Un mirlo y, aunque no creo que le guste que se lo digan, una “BoBo” a juicio de los colegas.

En tren de alta velocidad hicimos ruta turística por la noche bruselense. Poca cultura y mucha fiesta. Y risas de agujetas. Por su puesto, hicimos lo digno y, al pisar tierras flamencas, Paco y yo nos dirigimos hacia Gante y Brujas para asegurarnos así que el tirón de la caravana alcohólica no nos impediría haber pasado antes una jornada cultural y de regocijo visual por Bélgica. A nuestro paso por Brujas, vivimos la típica descarga acuosa repentina, hicimos las típicas 20 fotos de la guía del turista y metimos la pata hasta el corvejón, como buenos “españolos”, publicando a voz en grito nuestra vida sexual más íntima sin pensar, quién lo hubiera dicho, que los viandantes que llevábamos delante eran de habla hispana.

En Gante inicié a Paco en el extenso mundo de la cerveza belga. Escogí la Galgenhuis, diminuta taberna que en época de Carlos V proveía a los condenados a la horca de su última cerveza y comida. Le planté una
Duvel a las cuatro de la tarde, comenzando así un ritmo que se mantuvo invariable a lo largo de su viaje. Ni decir tiene que el hecho de que la Duvel le triunfase tanto hizo bastante por nuestras posteriores juergas.

Exultantes estuvimos todas las noches, pero destacables son momentos como los del
Suicide Twist Festival. Aquello se convirtió en una orgía de beatniks y mods enseñando sus vergüenzas en Recyclart (ved fotos porque una vale más que mil palabras). Curiosa fauna. Entre exhibicionistas y vientres de cómic, encontramos a un par de taraos que le repetían a Ainara: “Quieres clic-clic?”. A Paco simplemente le decían: “Mete el dedo aquí”. Y ninguna de las dos propuestas era inocente ni estaba exenta de efectos alucinógenos. Tras la huída del antro de perversión y un intento por mi parte de convertir la casa de Ainara en un after, acabamos Paco y yo en el LOFT, diciendo indecencias y cantando éxitos de Los Piratas, mientras Manolo y Ainara dormían en el sofá. A las diez de la mañana y harto de escuchar cómo desafinábamos, Ingo despertó de su silencio y salió a darnos los buenos días y conversación a Paco, que no tenía ninguna intención de irse a dormir.

Sweet dreams

La noche anterior la apertura del festival acabó con una pelea en plan perros en celo en el Wax, encima de un Donut rojo tamaño gigante que triunfó entre los asistentes e hizo triunfar a más de uno. He de hacer un inciso. ¡Viva España y Viva el Flamenco! Y viva el bailaor de la fiesta española de mi stage, a quien abordé sin tapujos con un “tú no te acuerdas de mí pero yo de ti sí”.

Bueno, a parte de engrosar la lista de degustación cervecera de Paco, el Wax desveló mis talentos más ocultos. Dados ciertos actos de Manolo, entre los que destaca deshacerse del ticket del guardarropa porque “buah, este papelito que mierda es? No me sirve para nada y no encuentro la puta antena del móvil” (trigésimo quinta vez que la perdía esa noche), decidí apelar a mis poderes sobrenaturales y, al grito de “Lolo, tú levanta ese bolso del suelo, haz lo que te digo”, encontramos el dichoso papelito. No me preguntéis cómo podía saber que debajo de aquel icono verde pistacho del mal gusto se encontraba el ticket, pero yo sabía que así era.

No contenta con ello, tenía que resplandecer todavía más en la noche, me empeñé en darle una lección al inexperto sobre cómo intercambiar en el guardarropa, con tono amenazante, el icono verde por la chaqueta, con ticket en mano. Lo cual era totalmente absurdo e innecesario. “Mira, yo tengo un bolso. Y tú una chaqueta. Si me la das es tuyo”. La cara de estupefacción de la “madame cloakroom” se nos quedará grabada para siempre. A continuación, los tres de la mano, nos adentramos en la Bruselas gay. El “Soixante” estaba exaltado y nosotros también. Paco se puso a bailotear con un maromo encima de un mini podio y Manolo se dedicó a recibir propuestas indecentes allí por donde anduvo.

El Donut gigante del Wax

A las 6 de la tarde del sábado llegamos a casa de Andreu. Paella, Pacharán, resaca revoltosa y múltiples discursos absurdos. Ataques de risa descontrolada, propiciados por salidas célebres como la del Ñaro imitando a un “clic de playmobil” (sin articulaciones) sentándose de golpe en el alféizar de la ventana, al grito de “y ahora me siento”. El día siguió y nosotros desbarramos…

El domingo Paco logró por fin ver el sol y Bruselas de día. Se acabaron nuestras noches juntos y despedimos el fin de semana con una
película con carga emocional en casa de Ainara. Y cuando creí que iba a descansar me entraron tembleques resacosos de tiempos lejanos de mudanzas. Había que desplazar un sofá de 2m de largo hasta mi casa. Yo sólo pensaba… otra vez no, por Dios. Pero claro, el sofá está de “puturrú de foi” y me lo regalaba la señorita Ainara. La odisea terminó justo después de que mi cabeza se encajase bajo el sofá en lo alto de la escalera mientras intentaba levantarlo con los hombros y Ñaro empujaba desde abajo. ¡Un sofá nuevo bien vale una tortícolis!

Y nada más por ahora. Fred/Fran/Ramón y yo nos hemos visto un par de veces. Hemos vuelto a ir de conciertos y me ha devuelto la intimidad (las cortinas) en mi preciada habitación. Elena (Cookies) me está demostrando que el listón está muy alto y que no hay nada como llevar un Deo Roll-on Nivea en el bolso para ligar en los clubes más “in” de la ciudad. Y Teresa me ha hecho recuperar la confianza en mi hermoso trasero, al cuál le ha hecho todo un “book” fotográfico con la cámara de la compañera de piso de Flo (¿qué pensara ella?).

Lo dicho. Me reconcilio con Bruselas caminando al amanecer por la ciudad. Cruzo la Grand Place hacia el loft mientras mis tacones se pelean con los adoquines. La luz gris de la “stad” aparece entre las esquinas mezclada con el relucir de las farolas. Llega la hora establecida por la Comuna para apagar el alumbrado público y una a una veo morir las guías amarillas de mi camino. Aparece entonces Bruselas, una Bruselas que es mía y de nadie más. En la que los mirlos reinan y donde me siento cómoda. La oda de los Beatles me viene a la cabeza y un mirlo se posa en la verja del Manneken Pis para mirarme. Su color negro le hace perderse en el paisaje. Me detengo a observar la obra, a observar en un pequeño pájaro nocturno de música inconfundible el espejo de lo que soy y de lo que quiero ser, un mirlo cantando al amanecer.

Lolo, Ainara y Paco... buena combinación

martes, junio 06, 2006

Capítulo IV. 2 gigas de almacenamiento

Hace unas semanas, Iñigo y yo recibimos la visita de una gran señora. Aran, también llamada Arantzazu Santos Ciriquiain (REGIO) y mundialmente conocida gracias al movimiento revolucionario antifascista JETA EPISTOLAR, volvió a visitarnos con la excusa de cotizar a la Seguridad Social ejerciendo un trabajo temporal relacionado con el bacalao en Europa. Su paso por estas tierras precede a su definitiva partida a tierras lejanas, concretamente a Caracas, donde desarrollará funciones más intelectuales pero no por ello menos prácticas o de menor calado social.

Tras su experiencia en el acercamiento de los pueblos españoles a la vida cotidiana de las mujeres indígenas en Perú, las relaciones públicas con el manager de
El Fary y Miss España 2004, y actividades similares que más vale no mentar, Aran dedicará sus esfuerzos a… Bueno, la verdad es que nadie sabe a qué coño dedicará sus esfuerzos la JETA EPISTOLAR. En realidad, se ha pasado por Bruselas para hacer miles de canapés de “pescau” en la Seafood Exhibition, todo un hito en el calendario de ferias y congresos de Bruselas, a donde todos los funcionarios exentos del pago de impuestos dirigen sus traseros para ver cuantas langostas y bogavantes caben gratis en la funda de su “laptop”.

En realidad, el trabajillo de Aran acabó repercutiendo positivamente sobre nuestros hambrientos estómagos y neveras vacías. Llegados a la exposición y visto que no iba a ser tan fácil hacer de funcionario-jala-gratis, llamamos a nuestra compañera quien, muy amablemente, le comió el tarro al seguridad del exclusivísimo cóctel de las Comunidades Autónomas para que nos dejase entrar. A parte de pelearnos sobre quién le pela la gamba a quién, poco hicimos. Pero a la vuelta y fin de la exposición, Aran había conseguido empotrar en nuestro frigorífico 3 kilos de gambas peladas en salmuera, kilo y medio de surimi en las mismas condiciones, botellas de alcohol y aceite y pimientos rellenos de algún tipo de pescado azul cuya procedencia desconocemos. ¿Cómo acabó aquello? Cena y menú basado única y exclusivamente en gambas. A lo
Forrest Gump y Buba.
Bubba: Anyway, like I was sayin', shrimp is the fruit of the sea. You can barbecue it, boil it, broil it, bake it, saute it. Dey's uh, shrimp-kabobs, shrimp creole, shrimp gumbo. Pan fried, deep fried, stir-fried. There's pineapple shrimp, lemon shrimp, coconut shrimp, pepper shrimp, shrimp soup, shrimp stew, shrimp salad, shrimp and potatoes, shrimp
burger, shrimp sandwich. That- that's about it.
Bueno, a lo que iba. Aran, como su pasado puede llegar a insinuar, es capaz de almacenar hasta 2 gigabytes de información absurda en su cerebro. Consciente de ello, y tras comentarlo con mi compañero de piso, se inició una ardua competición sobre cuál de los dos contaba con más gigas de almacenamiento de información absurda. La competición se mantuvo muy ajustada hasta que descubrimos que Iñigo era definitivamente capaz de almacenar hasta un terabyte (1.099.511.627.776 bytes, esto es 1024 veces un gigabyte) de información absurda. Además, parece que Molledo y yo tampoco nos quedamos muy rezagados, aunque sigo pensando que Molledo juega en primera y yo en segunda.

La cuestión es que intenté, tras prometer, escribir una crónica sobre mis vacaciones en
Gerona, las cuáles han sido como el viaje de Ulises por los mares del Egeo, con monstruos y pueblos fantasma incluidos. Sin embargo, la teoría de los 2 Gigas me ha dado una nueva perspectiva. ¿Cuantos gigas almaceno? ¿Qué información retengo?

En esas, perdí el horizonte y dejé de escribir. Tanta información absurda resultaba inconexa para un hilo argumental lógico. En vez de eso, me inicié en una actividad totalmente desinteresada: amiga y guía de los chicos de Jurídico de la oficina, Antonio y Manolo. Esto podría sonar bastante pretencioso por mi parte, pero resulta que a ellos les hizo gracia la propuesta y aquí estoy yo de “animadora de campamento”. Tanto que, aprovechando el buen tiempo y la despedida de Santi, hicimos un movimiento hacia la naturaleza huyendo de la sociedad de los excesos.

¿Resultado? Acabamos revolcándonos por el césped del parque del Cincuentenario. Puede sonar muy bucólico, pero la realidad es que borrachos como cubas nos pusimos a
jugar al pañuelo y a hacer llaves de judo. Al día siguiente tenía un dedo del pie como una morcilla y una resaca interesante.
Naturaleza. Hay que asumirlo, como escribió el dramaturgo francés
Jean Anouilh: “A cada uno de nosotros le llega un día, más o menos triste, más o menos lejano, en que, por fin, debe aceptar que es un hombre”.

martes, abril 11, 2006

Capítulo III. Decisiones

El Loft convertido en fumadero

Reconocerse a uno mismo que las cosas no han salido como uno esperaba o las había imaginado es chungo, por muy pesimista que fuese el planteamiento inicial (pragmatismo de base a lo Buchó). No estoy diciendo que las cosas no me hayan ido bien ni que me arrepienta de nada. Sin embargo, mi presente me toca la moral y la frustración invade mis instintos cuando pienso en mi futuro. Aunque me niegue a aceptar esto como un fracaso.

Crisis. Esa es la palabra que mejor define mi estado anímico de las últimas semanas. Tras un extenso estudio de campo, he llegado a la conclusión de que el mío no es un caso aislado, lo que me lleva a plantearme si deriva lógicamente de la etapa de la vida que estoy viviendo (edad predominantemente crítica y traumática si no eres
Sergey Brin ni Larry Page) o si es simplemente fruto de una crisis generacional. Por favor, no penséis que estoy echando balones fuera. Pero mirad alrededor y miraos. ¿Cuántas reproducciones exactas conocéis?

En mi círculo actual, jóvenes profesionales de entre 25 y 35 años, parece que se ha extendido este extraño virus. Lo más difícil es concienciarse de que uno está enfermo y de la necesidad de automedicarse YA!. En mi caso, llevo posponiendo el problema al menos dos años y ahora, aunque aun no divise la curación en el horizonte, he decidido tratarme. No está siendo nada fácil empezar a participar en mi vida. Pasar de la zona de butacas al escenario no es moco de pavo. El director de la obra todavía cree que no estoy preparada. Pero todo es ponerse.

Debatiendo todo este rollo internamente pasé la primera semana de mi vigésimo noveno año en la tierra. Los 28 los llevaba bien y organizar la fiesta de cumpleaños me mantenía entretenida. Pero se me estaban quitando las ganas, poco a poco, porque en realidad no encontraba nada que fuese digno de celebrar.

No, en serio. Sin intención de taladraros. Recientemente me había tocado recomponer mi vida. Seguía en un país que me gusta pero en una
ciudad que detesto si me la planteo como morada a largo plazo. Y mi trabajo, bueno esa es otra. Mi trabajo no me llena. Y se opone radicalmente a los principios por los que decidí dedicarme a esto en la vida. Hay que pensar que me planteé un futuro entre la Madre Teresa de Calcuta, Arturo Pérez-Reverte y John Winston Lennon. No vale reirse… Hay quien prefiere parecerse a Jesús Mariñas y yo lo respeto.

La cuestión es que empecé a divagar en voz alta con los coleguillas más cercanos. Y, lo dicho, es un sentir generalizado. Unos retrasan la decisión al verano, otros se han puesto fecha (mes o incluso año), pero todos en general se plantean su salida de
Bélgica como una vuelta a España. Yo ni siquiera sabía si quería volverme a Arkansas a golpe de taconazo. Me expatrié aquí por razones obvias, pero mi plan original (eso quiere decir sin saber que existiría un Fred-Fran) siempre había incluido una larga temporada en el exilio.

Mis conversaciones de piti y birra con Iñigo dieron su fruto. Primero habría que saber a qué quería dedicar el sudor de mi frente y, después, descubrir en qué parte del
mapa caía eso. Entre tanto, Klodet se dejó caer por aquí acarreando su crisis particular. Joder, una visita relámpago pero ya era hora de que uno de mis colegas se dignase a darse un meneo por el país de los mejillones y las patatas fritas. Único problema: la fiesta era la noche del viernes y él llegaba a mediodía el sábado. Pero como le dije, “ya dormiremos cuando estemos muertos”.

Me sentía mejor. Parecía que era dueña de mi propia vida cuando llegó el viernes de la fiesta. Aquello fue un desfase. Mi casa parecía un fumadero, pillé a una pareja haciéndoselo en la cama de Iñigo y los puse a todos del revés con el CAP (cóctel asesino donde los haya). Al día siguiente solo quedaban despojos de lo que habían sido una vez mis amigos. Y en este estado me fui a recoger a Clodo al aeropuerto. El pobre, aunque creo que no sufrió, no tuvo la oportunidad de disfrutar mucho del ambiente festivo que reina en Bruselas porque no quedo un solo colega que, en su sano juicio, quisiese salir el sábado por la noche. De todas formas, y como era de esperar, Klodet venía más del rollo turista, así que nos fuimos a visitar la que fue mi ciudad durante un año, la bella
Gante, y a hacer un viaje en el tiempo a Brujas, la ciudad museo.
Regalitos

Poco a poco, parecía que me iba creyendo eso de que había tomado una decisión. En esas, empezaron a darme nuevas responsabilidades en el curro. Esto empezaba a ser un sin vivir. Pero, me iba de VACACIONES!!! A Valencia. Y prometía. Ver antiguos amigos, recibir visita en Fallas, comer fideuà y paella, estar con la family… Y la verdad, estuvo bien. Pero el que mucho abarca... Siempre quedaban cosas por hacer o gente a la que ver. Y sin embargo, pasó algo.

Por la mañana, antes de ir al aeropuerto, me di cuenta de que tal vez era verdad que hoy, ahora mismo, en esta situación, era más feliz cuando estaba en España. Me molestaba reconocerlo. Me hacía sentir vulgar: Spain is different. Y, sin embargo, recordé que lo que más daño me hacía antes, cuando no estaba egoístamente imbuida en mí misma, era no estar presente en los que espero no sean los últimos años de quien me recogía del cole con el bocata de tortilla de patatas. Esto no debería regir mi vida, no lo ha hecho, pero ahora puede orientarla. A mejor.

Spain is not so different. Lo que la hace diferente es lo que nos liga a ella. Y nuestra forma de vida allí, a veces, imposibilita que seamos felices en otro sitio. Nos empecinamos en compararlo todo. Y como dice Celsius, “no quiero ser una amargada que se pase el día quejándose de que aquí todo es una mierda porque no es como en España”. Lo mejor será comprobar si puedo volver, ahora que me queda tiempo para arrepentirme, o disfrutar de donde esté para bien y para mal.
Decission, made. Case, closed. Ahora veremos como lo llevo a cabo o si cambio de opinión por el camino. Pero sin fechas, eso no va conmigo.